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Archive for 31 marzo 2006

La suerte extraviada

Enrique había perdido la suerte. La había heredado de su madre en forma de talismán cuando tenía 14 años, pero ya hacía tiempo que se había quedado sin ella. Y no sólo porque se le hubiera extraviado la reliquia, físicamente hablando, sino porque todo en él parecía apuntar constantemente hacia el infortunio.

Enrique era un poco oficinista y un poco fotógrafo de paisajes. Un poco amo de casa y un poco soltero codiciado —según él—. Un poco mirón de persiana y un poco ecologista teórico. Un poco torpe en el habla y un poco pseudo intelectual. Enrique daba la impresión de tenerlo todo en esta vida y sin embargo no tenía paz. Ni paz, ni suerte, ni nada. (más…)

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Acabo de componer un poema. Esta noche, dando vueltas en la cama, me acordé de Gloria Fuertes cuando aparecía en Un globo, dos globos, tres globos, y me vino esto a la cabeza. Ni siquiera tiene título. Dice así:

Todo lo que lleva un pastel
es bueno,
a no ser que alguien
le haya echado veneno.

Como verán, la composición es breve, pero está basada en hechos reales. De ahí el pequeño aire siniestro que se aprecia en la parte final.

De todas maneras, y como los considero amigos, les dejo un poema de verdad como acto compensatorio. Uno que escribió ella, Gloria Fuertes, y que no era para los niños (o tal vez sí):

 
HEMOS DE PROCURAR NO MENTIR

Hemos de procurar no mentir mucho.
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo o evitar una guerra.

De pequeña mentía con mentiras de azúcar,
decía a las amigas: "Tengo cuarto de baño"
—mi casa era pobre con el retrete fuera—.
"Mi padre es ingeniero" y era sólo fumista,
¡pero yo le veía ingeniero ingenioso!
 
Me costó la costumbre de arrancar la mentira,
me tejí un vestido de verdad que me cubre,
a veces voy desnuda.
Desde entonces me quedo sin hablar muchos días.
 
 

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La carta

Cuando tenía diecisiete años gané un concurso. El único concurso que he ganado en mi vida.

Se trataba de un pequeño certamen literario de cartas de amor organizado por una revista para mujeres modernas. Una revista de esas en las que te enseñan trucos para vestirte, peinarte, maquillarte y elegir una profesión con futuro (sí, aunque parezca raro, a los diecisiete años yo tenía cierto interés en ese tipo de cosas).

El premio del concurso en cuestión era un anillo de oro con un diamante, así que le dije a mi exmarido, que en aquél entonces aún no era "ex":

—Mira esto, ¿por qué no te presentas?

Me echó una ojeada rápida a mí y luego al papel que le mostraba.

—Preséntate tú —respondió, y siguió leyendo la sección económica de El Periódico. (más…)

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Picnic

Nos encontrábamos mi padre y yo solos, creo. Jugábamos a echar migajas a los patos en el parque, y a lanzar un palo a Aldo para que lo trajera de vuelta entre los dientes.

—Alicia, es hora de merendar —dijo él, mientras doblaba el diario y abría la cesta de mimbre con un crujido que parecía el de la bisagra de una ventana vieja. Yo acompañaba con la retina a un grupo de hormigas que transportaban media cáscara de cacahuete hacia el agujero que habían habilitado como hogar.

—Alicia, ven aquí, es hora de merendar —oí por segunda vez, y me llegaron de forma muy clara ciertos efluvios a banana. (más…)

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Un día me puse a pensar qué sucedería si al pronunciar una palabra destruyese algo en el mundo, algo importante, algo insustituible para mí. O si al hablar recibiera un golpe contundente y terrible en la cabeza que me dejase una herida tan profunda que nunca llegase a cicatrizar del todo.

Lo pensé porque a veces no puedo dormir y mato las horas imaginando cosas que son poco probables pero no imposibles. Cosas que de hecho puede que hayan ocurrido y yo, en mi descomunal ignorancia, no haya sido capaz de ver. (más…)

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