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Archive for 26 septiembre 2006

Cosas que no debo olvidar

Te parí, te amamanté y luego jugamos.

Te canté, te bañé, te di biberón y papilla de seis cereales y frutas. Elegí muñecos blandos para ti. Te busqué guardería. Te disfracé de demonio, de chino, de payaso, de conejo, de león, de margarita y de Axl Rose. Decidí que un cursillo de natación te gustaría. Nos fuimos de vacaciones. Supe encontrarte un cole donde enseñaran inglés desde párvulos y la comida fuera de mercado. Te compré una cartera. Te acompañé cada mañana y accedí a cuidar el hamster de la clase cada vez que fue necesario. Te enseñé a patinar, te llevé a que practicaras taekwondo y te puse el kimono blanco reglamentario. Dibujamos y completamos álbumes de cromos de Son Goku y de las Tortugas Ninja. Disfrutamos en el parque cada tarde que tuvimos libre y, si te acuerdas, éramos los últimos en irnos. (más…)

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Magalí

Está en clase de sociales, pero Magalí pinta. No pinta un mapa, sino las esquinas del libro. Una margarita. Una rosa. Un pez.

Y canta. Por lo bajo.

El profesor no habla ahora. Está sentado en su mesa, repasando los erpas. Por encima flota un suave murmullo general y el goteo de una cisterna que nunca para. Los chicos están con las miradas sobre los cuadernos pero los rabitos de los ojos en todo lo demás. (más…)

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Un señor que lee

Hace un rato, cuando he ido a la cocina a prepararme el café que me estoy tomando mientras escribo esto, por la ventana he visto que un señor que vive enfrente ha salido a leer. Mientras él leía junto al molinillo de colores, yo lavaba el cazo de la leche. Al terminar, me he secado las manos, he ido a buscar la maquinita y le he hecho una foto para que puedan ver algo de lo que pasaba en mi barrio esta tarde.

Desde la ventana de mi cocina se ven muchas cosas

Esas dos líneas desenfocadas que hay en primer plano son las cuerdas en las que tiendo la ropa. El libro que lee el señor quizá sea un préstamo de la Biblioteca Pública Juan Marsé.

 

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Sí. Después de dos años y medio de la existencia de este blog, por fin me decidí a redactar mi propia autobiografía laboral, profesional, o como se llame.

Y no sólo eso, sino que he tenido el cuidado de escribirla en tercera persona, igual que hace la gente. Para que parezca que es otro el que dice todas esas cosas bonitas de uno mismo. Por ejemplo:

«Barbarita Rubio nació a finales de los sesenta, en el seno de una familia dedicada a realizar las labores domésticas de terceros. Cursó sus primeros años de estudio en el colegio Virgen del Calvario, situado en una de las más prestigiosas zonas del extrarradio barcelonés»… Y bla, bla, bla, ¿no es lindo?

Pueden saberlo todo de mí, haciendo click en este enlace tan práctico como pomposo:

~ SOBRE LA AUTORA DE ESTE BLOG ~

Gracias.

 

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Me despierto esta noche pasada en medio de un sueño profundo y digo, de pronto:
—¡Xavi, abracito!
Xavi continúa durmiendo pero yo insisto:
—Xavi, necesito un abrazo. Ahora. ¿Me lo das?
Entonces Xavi recobra la conciencia a medias, se gira hacia mí sin abrir los ojos y extiende los brazos igual que hace siempre. Yo me acurruco y me aprieto contra su pecho (está muy blandito, es como de goma).
—Te quiero mucho —le digo. Él murmura algo y resopla—. Y parece que no se gasta nunca —continúo—, porque de esto ya hace bastante tiempo y aún me dura.
Se hace un pequeño silencio. Normal, siendo de noche como es. Sin embargo, yo reflexiono y pregunto:
—¿Y tú?
—Mmmmm.
—¿Y tú?
—Mmmmm… pues claro —contesta.
Sonrío en formato grande, aunque él no lo vea.
—¿Y tampoco se te gasta nunca?
—Sgrfrashhss, mmmmm… no sé.
—¿Cómo que no sabes?
Silencio. Sonidos respiratorios profundos. Después otro silencio.
—¿Cómo es que no sabes, Xavi? —pregunto de nuevo.
Espero pacientemente una respuesta, pero como no se produce, decido explicarme mejor:
—Tú también me quieres de hace tiempo, ¿no?… ¿No, Xavi?
—Mmmmm… sí.
—Y todavía te dura, ¿no?… … … ¿No?… ¿Sí o no?
—Mmmmm, sgrfrashhss… No, me parece que… ya no.
—Bah. Estás dormido —le doy unos cuantos besos, y tras unos segundos en los que busco una posición más cómoda, le digo—: A ti tampoco se te gasta, Xavi, que lo sepas.

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¿Qué? ¿Cómo?

Mi abuela, cuando falleció, ya era completamente sorda. Mi madre, por su parte, lleva treinta años escuchando sólo un pequeño fragmento de lo que se dice e imaginando todo lo demás. Aunque según ella, eso no es exactamente así. Su teoría, y de ahí no la sacas, no es que ella no oiga bien, sino que la gente no pronuncia correctamente. O si le insistes: que lo hacen a propósito, que hablan secretitos todo el tiempo para fastidiarla o para que no meta cuchara en la conversación.

Durante los últimos quince años, cada vez que me acercaba a hacerles una visita, ya antes de llegar a la esquina de la calle, me enteraba de la programación televisiva de la tarde. Fuese verano o invierno, no hacía falta que llamara a la puerta para saber si las dos mujeres se encontraban en casa, el aparato me daba el aviso a más de cien metros vista. (más…)

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Tengo todo un equipo de utensilios infantiles. Es un equipo de supervivencia pero yo lo uso regularmente. Se compone de plato llano y plato hondo de plástico, vaso con dos asas, muñeco extra-blando para abrazar mientras duermo (en especial cuando estoy triste) y muchos, muchos cuentos con dibujos.

Lo hago servir yo sola pero a veces también lo presto, porque todo este equipo se puede prestar. Se lo dejo a cualquier niño o niña que viene de visita si es que quiere hacer uso de él, ya que en realidad mi equipo infantil tiene una regla no escrita, y es que siempre debe ser utilizado por el más pequeño que haya en la casa en cada momento.

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