Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 9/10/06

En el verano de 1988 compré un libro de poemas. Era un libro pequeño, como casi todos esos libros de poesía que ganan premios y son lindos. Llevaba por título Descenso a un aguafuerte atribuido a Piranesi. No recuerdo exactamente qué idea fue la que me invitó a escoger ese y no otro, pero el caso es que lo compré a razón de 495 pesetas y durante 18 años he ido releyéndolo una y otra vez, sin que me cansara nunca.

Cualquiera podría suponer que tratándose de una obra a la que me unió fidelidad desde el principio, alguna vez me hubiera sentido inclinada a disfrutar de otro título del mismo autor o, como mínimo, a interesarme por su vida, su trayectoria literaria o cualquiera de esas cosas que suelen llamar la atención de la gente. Pero no, jamás se me ocurrió buscar nada relacionado con el nombre que figuraba en la tapa. Y eso estuvo siendo así hasta hace un semana. Una semana escasa en la que volví a hojear el poemario y leí:

Escribe tus días,
la belleza que contienen.
Aunque el estilo no sea el más adecuado,
das fe de tu agobiada existencia.

Y pensé: «Esto es lo que hace la gente ahora en los blogs. Antes uno se dedicaba a lo mismo pero nadie se enteraba. Y esos textos la mayor parte de las veces acababan, tras años de amarillear en un cajón, en el cubo de la basura». Y todavía pensé más: «Y el que escribió este librito, ¿quién te dice que no tenga un blog ahora también? —y comencé a morderme la uña del dedo anular de la mano derecha—: ¿Sabes lo que vas a hacer, Barbarita? Vas a consultar en Google. Después de casi dos decenios yendo a caer a una misma obra de un mismo autor una media de tres veces por año, algo de curiosidad por tu parte me parece una actitud bastante sana».

Así que, sin pérdida de tiempo, tecleé «GONZALO SANTELICES» en el buscador y ahí supe que el responsable del ejemplar más manoseado de mi raquítica biblioteca había nacido en Santiago de Chile en 1961 y había fallecido en Madrid en 1997. Y que a pesar de no haber llegado a viejo consiguió publicar ocho obras (¡ocho!), incluso una de ellas después de muerto, igual que le pasó a Freddie Mercury.

Me quedé bastante perpleja, a qué negarlo. Una, cuando después de tanto tiempo se decide a salir por fin de la ignorancia, se imagina cualquier cosa menos que la gente lleve nueve años fallecida. Y es raro porque, pensándolo bien, eso de que uno u otro de pronto ya no viva más, todos los días pasa un montón de veces.

Anuncios

Read Full Post »