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Archive for 30 abril 2008

Transparencia

Hace unas semanas estuvimos en un concierto de rock y a mi lado, entre el público, había un borracho.

Yo no sabía que estaba borracho. Yo sólo vi a un tipo que de pronto usaba una de las ruedas de mi silla como apoyo para sentarse en el suelo, muy cerca de mí. Tan cerca como si me hubiera agarrado del abrigo sin mirarme, sin mediar palabra, y se hubiera deslizado a lo largo de todo mi cuerpo y se hubiera colocado en el suelo pegado a mis piernas.

Ante esto sentí varias cosas, ninguna agradable, pero no dije nada. (más…)

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Tengo un grave problema epistolar: no respondo los emails de la gente que me escribe. Lo siento. Quisiera responder, pero no lo hago porque no sé qué decir a lo que me cuentan… lo que no significa que no me interese, ya que muchas veces soy yo misma la que pide que me expliquen cosas.

Me gustaría que nadie se enfadara por ésto. Ya sé que es una práctica un tanto extraña, lo que pasa es que me siento incapaz de funcionar de otra manera. Fulano, ¿qué tal te fue ayer en tu primera clase de cocina?, pregunto, y cuando fulano me escribe y me responde con todo tipo de detalles, yo simplemente no vuelvo a referirme al asunto. Supongo, entonces, que fulano se cuestiona si es que no me llegó su respuesta, o si es que soy imbécil. (más…)

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Mi casa

Mi casa es el más hermoso lugar del mundo. El lugar donde la luz del día entra a raudales por las ventanas, donde suena la música que más me gusta, donde conviven en armonía mis geranios, mi gato y mis muñecas, donde nadie viene a molestar a ninguna hora, donde los vendedores de líneas adsl son despachados con insultos poco graves y se convierten en la máxima anécdota de la semana.

Mi casa es el paraíso donde poder volverse niño o chiflado o las dos cosas al mismo tiempo, y nadie va a reconvenirte ni a decirte que haces mal. En mi casa se puede llorar por las noches con la mayor libertad y la menor culpa, porque ninguno de sus habitantes va a asustarse ya de las lágrimas ni del dolor ni de la desesperación.

A mi casa la separan muchos metros del suelo de la calle.

Mi casa es un castillo de cristal, una jaula blanca para aves exóticas en el último confín de un espeso bosque, al que nadie se asoma a mirar. Mi casa es el lugar donde envejezco sin ningún alboroto y donde el calendario que cuelga de la pared sigue siendo el de 2005, simplemente porque es bonito.

No le debo horas al tiempo, ni obediencia al orden ni sonrisas a la vida.

Me gusta mi casa. Me gusta de la misma forma incondicional con la que se ama a los padres cuando se tienen cuatro años y el mundo es nada.

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