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Archive for 23/10/08

La luz que mata

Si hay algo en este mundo que me pone frenética de veras, es que me enciendan la luz grande del cuarto cuando estoy dormida. Porque se le puede dar a la luz del pasillo y dejar entrar su resplandor por la puerta. O se puede encender la lámpara de la mesita de noche. O se puede abrir el cajón y buscar los calzoncillos a tientas, incluso. Pero no: cada día de Dios en mi casa, a las nueve de la mañana, se produce un estallido lumínico sobre mi cabeza.

—¡Por lo que más quieras, apaga eso! —grito— ¡O al menos avisa para que me tape la cara!

—Anda, cállate y duerme.

—¡No puedo! ¡Apaga esa luz acuchillante, asesino!

—No me grites.

—¡Y tú no emplees ese tono de mierda para dirigirte a mí mientras agonizo!

—Serás extraterrestre del diablo…

—¡No me digas extraterrestre, gordo infame!

—Cállate, loca.

—¡Loco tú!

—¡Loca, pestaña, hierro!

—¡Ayyyyyyyyyy, no me insultes! ¡Encima me insultas! ¡Encima de que me estas acribillando con los 100 watios, me insultas!

Y así. Hasta que por fin aparecen los calzoncillos o los calcetines o lo que sea. Y entonces Xavi abandona el cuarto como si nada y yo ya no puedo volver a dormirme.

 

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