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Archive for 28 noviembre 2008

Mi tía Ursula y yo

Nací parapléjica, o eso me dijeron mis padres. Desde siempre, desde que tengo uso de razón, me recuerdo desplazándome con ortesis y muletas, o bien en silla de ruedas. No conozco otra forma de moverme.

En la escuela no lo pasé mal. Hubo temporadas que asistí muy poco porque perdíamos a la tata de turno, que era la encargada de llevarme y de traerme, y entonces no tenía más remedio que quedarme en casa repasando lecciones o haciendo tareas. Mis padres pasaban la mayor parte del tiempo viajando, pues los dos eran científicos de renombre, por lo que casi se podría decir que la que me crió y educó fue mi tía Ursula, que era soltera y vivía con nosotros. (más…)

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Odiadora de dibujantes

Soy una odiadora compulsiva de dibujantes. Me ha costado toda una vida admitirlo, pero al final lo he hecho… y no crean que me he sacado un peso de encima.

Ya a los cinco años de edad era consciente de que existían personas que trazaban círculos mucho más reconocibles como tales que los que era capaz de hacer yo, y desde entonces no he dejado de sentir una frustración creciente. Frustración que con el tiempo ha derivado en resentimiento vil hacia todos esos genios que hacen del mundo un lugar más soportable con sus garabatos. (más…)

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Limpieza de chicles

Llaman a la puerta esta mañana y el es chico que reparte L’informatiu, el boletín de noticias del pueblo. Me pongo a leerlo mientras desayuno y me encuentro con esta impactante nota:

LIMPIEZA DE CHICLES EN LA CALLE MAYOR Y EN LA PLAZA DE LA IGLESIA

Durante el mes de Octubre se ha llevado a cabo la limpieza de chicles enganchados en la Calle Mayor y en la Plaza de la Iglesia. Una empresa especializada ha trabajado con vapor a baja presión y detergente para sacar la gran cantidad de chicles que había pegados al suelo. Además de la mala imagen que daban, los chicles convertían el pavimento en una masa enganchosa. El sistema habitual de limpieza viaria no conseguía quitar esta suciedad y por eso ha sido necesario contratar a una empresa especializada.

Con noticias así, si uno no pasea relajado en este pueblo es porque no quiere.

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Inasociados

En el colegio yo ya era así como soy ahora: abría la boca y perdía amistades.

Era una habilidad que tenía y que aún mantengo sin mucho esfuerzo. A veces lo hago a propósito y a veces no, pero por lo general acabo jugando sola en el patio.

No es algo que me importe mucho porque me gusta estar sola. Como no soporto la imbecilidad ni la falta de criterio, en el fondo es un alivio caer mal allá adonde voy. (más…)

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La abuela prestidigitadora

Últimamente pienso en esto: ¿cómo hace la gente para tener… pongamos 50 años, y estar contenta? ¿Cómo puede uno pasarse cinco décadas observando el mundo, la gente, la vida, y sentirse complacido? Es algo que hoy por hoy no me explico, y cada día me explico menos.

A veces me da por pensar que fingen. Me da por imaginar que una abuela simula felicidad para sus nietos porque los quiere. Que no puede actuar con naturalidad por conmiseración hacia ellos, por respeto a su inocencia, por salvaguardarlos de la realidad —del mecanismo interno de las cosas— unos años más. (más…)

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noGanadora

¡Estoy súper contenta porque acabo de resultar noGanadora del V noConcurso Gráfico de Abotepronto.net, y es la primera vez que me sucede algo así!

Porque un concurso-concurso ya lo gané una vez, y una rifa también (a los cinco años, en la clase de párvulos, la hermana Raquel sorteó un álbum de cromos de animales salvajes y me tocó a mí. ¡Éramos tres los que optábamos al premio pero me tocó a mí, qué suertuda! El resto de la clase ya tenía cada uno su álbum porque los acababan de repartir niño por niño, pero se ve que los que hicieron la donación no contaron del todo bien, y cuando la sor se quiso dar cuenta, vio que para que le cuadraran los números le sobraban dos criaturas. Ella, por supuesto, no perdió la calma. Guardó en el cajón de su mesa el último álbum que todavía quedaba sin dueño y aprovechando que ya era la hora de salir, abrió la puerta para que los compañeritos abandonaran la clase. A nosotros tres, los que aún aguardábamos a que nos entregaran nuestro regalo, nos hizo quedarnos un momento más. La verdad es que nos sentimos importantes cuando la monja, tras vaciarse el aula, muy sonriente y con ojitos de secreto, abrió el cajón, sacó de nuevo el libro de cromos y anunció que iba a celebrarse un sorteo allí mismo, en ese preciso instante, sólo para nosotros. Los tres hicimos un ohhhhhh lleno de entusiasmo y la hermana, muy satisfecha, caminó hasta el encerado. En él escribió una cifra que nosotros no vimos porque la tapó rápidamente con la palma de su mano izquierda, y nos dijo que cada uno eligiéramos un número del uno al tres. Yo elegí el tres. Y el tres era el número ganador. ¡No me lo podía creer!)

Pues hoy me ha pasado algo similar a eso. He vuelto a alcanzar un nivel de suerte estratosférico en mi historia, algo que todo el mundo debería experimentar alguna vez: he noGanado un noConcurso. ¡F-a-n-t-á-s-t-i-c-o!

 

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La gente me cae mal

La gente me cae mal. Yo sé que debería poner un remedio a ésto, pero no lo hago. ¿Por qué? Pues porque en cuanto trato de que alguien que me resulta antipático me caiga un poco mejor, me encuentro a mí misma recurriendo a los refranes, sonriendo sin ganas, contando anécdotas desestructuradas que no tienen la menor gracia, y me pongo de un humor tan pésimo que me dan ganas de sulfatarlos a todos.

Incomprensiblemente, desde que estoy en la casa nueva la gente me sigue cayendo igual de mal. Yo creía que residir en una población de 483 habitantes iba a hacer que viera a la poca humanidad que se me cruza en el camino con ojos más optimistas. Pero no, las personas me resultan igual de insoportables en una ciudad de 2 millones de seres que en esta especie de Bolsón Cerrado en el que vivo. (más…)

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