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Archive for 25 diciembre 2010

Hermanas a las cinco (II)

Una semana después, Nora tocó al timbre de las Calleja. Desde abajo pudo oír cómo la mayor de las dos gritaba:

—¿Quién será ahora? Y tú, ¿qué haces que no vas a abrir? ¡Date prisa, que no van a estar esperando ahí todo el día!

Pero a pesar del apremio con el que hizo ir a su hermana hasta la puerta, cuando Nora subió y se acercó a la habitación para saludar a Enriqueta, esta no dio señal alguna de estar contenta con la visita. Cecilia, avergonzada, trató de restar importancia a este comportamiento, atribuyéndolo a las múltiples molestias que la anciana sentía «a causa de su pierna mala». (más…)

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Hermanas a las cinco (I)

Nora Villanueva había trabajado durante más de 40 años en un pequeño pueblo del condado de Essex (Inglaterra) criando niños ajenos y cuidando caballos también ajenos. Nunca se había casado y a su regreso a España una vez jubilada, su hermano, Pascual Villanueva (también soltero), la había acogido encantado en su casa.

Nora era una mujer de costumbres sencillas. Solía levantarse pronto y realizar las tareas del hogar después del desayuno. Por las tardes, si no tenía que salir a hacer ningún recado, se quedaba con su hermano mirando la televisión y comenzando o terminando labores en croché, su pasatiempo favorito. Por las noches, siempre se acostaba temprano. (más…)

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Hermanas a las cinco

Hace unas semanas contaba que ya no sabía escribir más en tercera persona. Por suerte, mentía.

Bueno, en realidad no mentía. Creía que ya no sabía escribir más así, pero estaba equivocada.

Prueba de ello es que en estos días terminé un cuento que habla de tres ancianas que meriendan. Tres ancianas que toman café y pastas, y lo pasan bien juntas hasta que de pronto a una de ellas empieza a aburrirle la conversación que se da. Este cuento lo escribí en tercera persona y me salieron más de 5.000 palabras. En mi caso, todo un record que me propuse alcanzar después de haber corregido las historias incluidas en el Nº 1 de la Revista Orsai. Durante los días que duró el trabajo disfruté como una niña en un parque de juegos, y al mismo tiempo sentí una tremenda envidia de esos escritores buenos con sus maravillosos textos largos. Yo también quiero, me dije, me lo hago. Y me lo hice.

El asunto es que no puedo ponerlo en el blog de una sola pieza, porque dudo de que alguien vaya a querer llegar hasta el final de una sentada (incluso dudo de que alguien vaya a querer llegar hasta el final), así que he decidido dividirlo en cinco partes que iré publicando los sábados a la tarde.

El cuento se llama Hermanas a las cinco y espero que a alguien le guste. Y si no, no importa, seguro que aprenderé más y contaré alguno mejor en un futuro. Por el momento estoy muy contenta de haber podido escribir de nuevo en tercera persona y de haberme sumergido en una historia donde nada, pero nada, es moderno.

 

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