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Archive for 15 enero 2011

Hermanas a las cinco (V)

Cecilia respiró hondo. Se recriminó haber sido tan blanda. Tenía que haberle cortado de cuajo la idea de volver. Tenía que haberle dicho: «Nora, discúlpenos, pero no tenemos intención de recibirla más en casa. Si usted fuera comedida y nos visitara un día a la semana —a lo sumo, dos— y el tiempo que nos obliga a dedicarle se limitara a 30 o 40 minutos por visita, nosotras no tendríamos inconveniente en prolongar estas meriendas. Pero es que se queda usted tres, cuatro y hasta cuatro horas y cuarto cada tarde, siete tardes a la semana, y tanto mi hermana como yo estamos hasta la coronilla de sus antiguos pretendientes, de sus viajes y de su vida en Inglaterra. Eso por no mencionar lo desagradable que resulta para nosotras ir acumulando galletas, dulces y pasteles varios, ya que, como usted habrá podido comprobar, nunca nos acabamos lo que trae, y al día siguiente vuelta otra vez a lo mismo, y al final lo tenemos que tirar». (más…)

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Nora Villanueva no podía creer hasta qué punto Cecilia Calleja estaba negando la evidencia. De pronto le sobrevinieron unas terribles ganas de llorar. Se sentía dolida por la poca confianza que le estaba demostrando su vecina. Lo lógico hubiera sido que deseara contarle sus problemas. No era por querer ver sólo la parte negativa del asunto, pero Nora estaba comenzando a pensar que quizá ella se había sentido más en confianza con sus amigas que sus amigas con ella. Le costaba un verdadero disgusto llegar a esa conclusión, pero no podía pasar por alto las horas plagadas de incómodos silencios que había estado viviendo en casa de las dos mujeres. Era claro que Cecilia, por algún motivo que ella desconocía, no deseaba hacerla partícipe de los problemas de convivencia que tenía con Enriqueta. Y eso a Nora le producía una gran decepción. (más…)

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Tras la vuelta de Cecilia, Nora continuó frecuentando a diario el hogar de las Calleja. Para ella era fundamental notar que contaba con personas que la necesitaban. Durante su vida en Essex había pasado por varias residencias, todas pertenecientes a familias más o menos numerosas, y hallarse ahora tan sola en su casa cuando llegaba la noche era algo que le daba escalofríos. Por eso el poder visitar a sus amigas y tomar el café con ellas, charlar del pasado, del presente y del futuro, y compartir ciertos secretos que nunca antes se había atrevido a confesar a nadie, se había convertido en una actividad aliviadora y placentera. (más…)

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