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Archive for 24 junio 2011

Como ya sabrán de sobra los viejos lectores de este blog, el fracaso es la única constante en mi vida. Por este motivo, y también porque va en contra de mi naturaleza alardear de mis logros, no actualicé mi Autobiografía laboral escrita en tercera persona en el momento en que obtuve mi puesto de correctora en la revista Orsai.

Sin embargo, y siendo fiel a mi idiosincrasia ahora que las circunstancias me animan a darlo por perdido, me tomo la libertad de incluir este fugaz episodio de mi vida en mi curriculum vitae.

Para que no tengan que leerlo entero los que ya lo conocen, copio aquí lo añadido, que se encuentra en la parte final del cuarto párrafo:

«En 2010 pasó a formar parte del staff de la revista Orsai en calidad de correctora, tarea que le procuró grandes satisfacciones profesionales y que desarrolló feliz hasta que a su «editor responsable» le sobrevino una llamativa crisis de amnesia de etiología desconocida —y, al parecer, relacionada exclusivamente con el trabajo de Barbarita— y se olvidó por completo de seguir enviándole textos».

Desde aquí mando un cariñoso saludo a todos los que fueron mis compañeros de equipo, gente a la que nunca vi en horario laboral porque siempre trabajé aislada en mi casa, y les deseo mucha suerte. Que algún día consigan un artículo de Vila-Matas, que vendan millones de ejemplares y que no les pase nunca lo que les pasó a todas aquellas empresas de las que fui despedida más o menos explícitamente: que por una rara epidemia de desánimo o una inoportuna tormenta de mala suerte, se fueron al garete al cabo de poco tiempo.

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Hoy quiero contarles la historia de mi amiga Pilar, una niña a la que conocí en 4º de EGB y desconocí totalmente en 8º. Una niña a la que vi por primera vez el día en que llegué nueva a un colegio pequeño y miserable, armado en los bajos de una casa de vecinos, cuyas aulas eran oscuras, angostas y atestadas de criaturas que a mí no me podían parecer otra cosa que salvajes. Llegué yo a ese colegio tétrico y superpoblado porque el anterior al que había asistido —hasta 3º de EGB— cerró por mala gestión de sus dueños.

No esperaba nada bueno de la nueva escuela porque en la otra tuve algunos amigos y muchos, muchos enemigos. Enemigos que no me busqué porque no era mi costumbre meterme con nadie. Nunca me burlé de un defecto ajeno, jamás rayé una libreta que no fuera mía ni robé una goma de borrar. Tampoco empujé a ningún compañero a traición para que diera con los dientes en el suelo ni, por supuesto, humillé a los que eran huérfanos de padre o madre, ni a los que se ponían colorados cuando les hacía una pregunta inesperada la maestra. O sea, jamás hice nada de lo que me hicieron a mí. Por eso a ese nuevo colegio llegué preparada para encontrarme con cualquier cosa y lo que menos me importaba era que fuese estrecho o feo. (más…)

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