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Archive for the ‘Club Dickens’ Category

«El señor Chillip había vuelto a contraer matrimonio con una mujer alta, huesuda y de nariz muy grande; y tenía un bebé raquítico, con una enorme cabeza que era incapaz de sostener y con dos ojos miopes y saltones, con los que parecía estar preguntándose siempre por qué había venido al mundo.»

Charles DickensDavid Copperfield

 

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Mi plan navideño

Estoy leyendo Calle sin salida, una novela que escribió Charles Dickens junto a su amigo Wilkie Collins mientras fumaban porro (o lo que se estilara en reuniones de amigos en aquellos tiempos). Una novelita de marcado perfil sentimental con niño entregado a la inclusa, madre arrepentida y después muerta, herencia recibida por error, tremendo misterio en mitad de la bruma, y esas ironías dickensianas siempre tan graciosas.

Leo a Dickens y es la única tradición navideña que respeto (no sé si alguien más sigue esta costumbre, quizá no sea muy popular, no lo sé). Pero yo aquí tranquila en mi casa, tirada en la cama, con las habitaciones bien caldeadas, me río de los árboles adornados, de las luces de las calles, de la gente que va con prisas tropezando unos con otros, de las tiendas atestadas de compradores enloquecidos, del papel de regalo dorado y hasta de Bill Gates, pues sepan que desde hace semanas uso Linux y ya, a día de hoy, este sistema operativo no tiene secretos para mí.

En resumen: que estas Navidades no son ni de lejos como las de año pasado, que no sólo no me reía ni por prescripción médica, sino que tuve que huir a la montaña el 25 de diciembre para estar cerca de las vacas y de los saltamontes, seres que no entienden nada de nacimientos de Cristo ni de villancicos, y que no acogotan a nadie para que sea feliz.

Y no pienso ir a ninguna parte del mundo habitada por humanos mientras duren las fiestas, así de maravilloso y extremo es mi plan.

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Míster Riah y miss Wren

Estos días estoy leyendo a Dickens. Como llega la Navidad, leo a Dickens. Yo soy así, más básica que la tabla del uno.

Leo a Dickens en Navidad para poder hablar de algo acorde a las circunstancias en las comidas opíparas que se avecinan. El año pasado por estas mismas fechas vi tres veces Canción de Navidad por los Muppets. Lamentablemente ninguno de mis familiares conocía esta versión tan simpática de la historia y en sus caras de alegres comensales se podía adivinar que les parecía una estupidez tamaño Júpiter mi apreciación de que la rana Gustavo estaba sublime en el papel de Bob Cratchit. En fin… me doy cuenta de que cada vez tengo menos temas de los que hablar con nadie, ni en Navidad ni en ninguna otra época del año. (más…)

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Capricho victoriano

A mí me gustaría ser rica sólo por dos cuestiones. La primera, para poder tener una casa con ascensor. La segunda, para poder comprar cosas como ésta:

La Pequeña Dorrit, como pudieron disfrutarla los primeros lectores

Primera edición de La Pequeña Dorrit en dos volúmenes (Bradbury & Evans, Londres 1857).

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«Querido señor Pickwick:

¿Qué hubiera pensado usted de lo que acabo de escribir? ¿Su proverbial cultura y su gran cortesía no se hubieran opuesto a recibir estas páginas de mi mano, como tantas veces y en tantas posadas o salones recibió manuscritos que luego leyó a la luz de un candil después de haberse puesto su camisón y su gorro de dormir? Incluso le diría, para facilitarle la tarea en caso necesario, que su generosidad en esa materia no siempre se vio recompensada con una buena lectura, pues los relatos intercalados en los distintos momentos de sus viajes están casi siempre por debajo de todo lo que usted y sus amigos me han dado a lo largo de sus admirables aventuras (con la excepción del Manuscrito de un loco, que debió influir nada menos que en Edgar Allan Poe). Por eso, si el sueño le llega antes de la última palabra, ni usted ni yo nos preocuparemos demasiado; sabido es que la buena literatura no le está dada a todo el mundo. (más…)

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