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Archive for the ‘Historias’ Category

Tiempo de Adviento

Sentada frente a la corona de Adviento que acaba de armar, Milagros piensa en sus hijos. Poseidón, Neptuno, Nereida.

Nereida, 1973 – 1987. La segunda en orden de nacimiento y la primera en abandonar este mundo.

Poseidón y Neptuno, según se mire, tienen mejor suerte: aún están vivos.

Milagros ha aprendido que el Adviento es un tiempo de reflexión y de espera. Ella, esperar no espera mucho a excepción hecha de la llegada del Señor. Pero sí reflexiona. También reza. Sobre todo por el alma de la niña accidentada, que ella supone todavía en el Purgatorio. (más…)

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Hoy quiero contarles la historia de mi amiga Pilar, una niña a la que conocí en 4º de EGB y desconocí totalmente en 8º. Una niña a la que vi por primera vez el día en que llegué nueva a un colegio pequeño y miserable, armado en los bajos de una casa de vecinos, cuyas aulas eran oscuras, angostas y atestadas de criaturas que a mí no me podían parecer otra cosa que salvajes. Llegué yo a ese colegio tétrico y superpoblado porque el anterior al que había asistido —hasta 3º de EGB— cerró por mala gestión de sus dueños.

No esperaba nada bueno de la nueva escuela porque en la otra tuve algunos amigos y muchos, muchos enemigos. Enemigos que no me busqué porque no era mi costumbre meterme con nadie. Nunca me burlé de un defecto ajeno, jamás rayé una libreta que no fuera mía ni robé una goma de borrar. Tampoco empujé a ningún compañero a traición para que diera con los dientes en el suelo ni, por supuesto, humillé a los que eran huérfanos de padre o madre, ni a los que se ponían colorados cuando les hacía una pregunta inesperada la maestra. O sea, jamás hice nada de lo que me hicieron a mí. Por eso a ese nuevo colegio llegué preparada para encontrarme con cualquier cosa y lo que menos me importaba era que fuese estrecho o feo. (más…)

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Hermanas a las cinco (V)

Cecilia respiró hondo. Se recriminó haber sido tan blanda. Tenía que haberle cortado de cuajo la idea de volver. Tenía que haberle dicho: «Nora, discúlpenos, pero no tenemos intención de recibirla más en casa. Si usted fuera comedida y nos visitara un día a la semana —a lo sumo, dos— y el tiempo que nos obliga a dedicarle se limitara a 30 o 40 minutos por visita, nosotras no tendríamos inconveniente en prolongar estas meriendas. Pero es que se queda usted tres, cuatro y hasta cuatro horas y cuarto cada tarde, siete tardes a la semana, y tanto mi hermana como yo estamos hasta la coronilla de sus antiguos pretendientes, de sus viajes y de su vida en Inglaterra. Eso por no mencionar lo desagradable que resulta para nosotras ir acumulando galletas, dulces y pasteles varios, ya que, como usted habrá podido comprobar, nunca nos acabamos lo que trae, y al día siguiente vuelta otra vez a lo mismo, y al final lo tenemos que tirar». (más…)

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Nora Villanueva no podía creer hasta qué punto Cecilia Calleja estaba negando la evidencia. De pronto le sobrevinieron unas terribles ganas de llorar. Se sentía dolida por la poca confianza que le estaba demostrando su vecina. Lo lógico hubiera sido que deseara contarle sus problemas. No era por querer ver sólo la parte negativa del asunto, pero Nora estaba comenzando a pensar que quizá ella se había sentido más en confianza con sus amigas que sus amigas con ella. Le costaba un verdadero disgusto llegar a esa conclusión, pero no podía pasar por alto las horas plagadas de incómodos silencios que había estado viviendo en casa de las dos mujeres. Era claro que Cecilia, por algún motivo que ella desconocía, no deseaba hacerla partícipe de los problemas de convivencia que tenía con Enriqueta. Y eso a Nora le producía una gran decepción. (más…)

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Tras la vuelta de Cecilia, Nora continuó frecuentando a diario el hogar de las Calleja. Para ella era fundamental notar que contaba con personas que la necesitaban. Durante su vida en Essex había pasado por varias residencias, todas pertenecientes a familias más o menos numerosas, y hallarse ahora tan sola en su casa cuando llegaba la noche era algo que le daba escalofríos. Por eso el poder visitar a sus amigas y tomar el café con ellas, charlar del pasado, del presente y del futuro, y compartir ciertos secretos que nunca antes se había atrevido a confesar a nadie, se había convertido en una actividad aliviadora y placentera. (más…)

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Hermanas a las cinco (II)

Una semana después, Nora tocó al timbre de las Calleja. Desde abajo pudo oír cómo la mayor de las dos gritaba:

—¿Quién será ahora? Y tú, ¿qué haces que no vas a abrir? ¡Date prisa, que no van a estar esperando ahí todo el día!

Pero a pesar del apremio con el que hizo ir a su hermana hasta la puerta, cuando Nora subió y se acercó a la habitación para saludar a Enriqueta, esta no dio señal alguna de estar contenta con la visita. Cecilia, avergonzada, trató de restar importancia a este comportamiento, atribuyéndolo a las múltiples molestias que la anciana sentía «a causa de su pierna mala». (más…)

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Hermanas a las cinco (I)

Nora Villanueva había trabajado durante más de 40 años en un pequeño pueblo del condado de Essex (Inglaterra) criando niños ajenos y cuidando caballos también ajenos. Nunca se había casado y a su regreso a España una vez jubilada, su hermano, Pascual Villanueva (también soltero), la había acogido encantado en su casa.

Nora era una mujer de costumbres sencillas. Solía levantarse pronto y realizar las tareas del hogar después del desayuno. Por las tardes, si no tenía que salir a hacer ningún recado, se quedaba con su hermano mirando la televisión y comenzando o terminando labores en croché, su pasatiempo favorito. Por las noches, siempre se acostaba temprano. (más…)

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