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Archive for the ‘Iras’ Category

En el supermercado

Hoy hemos ido al supermercado pensando en comprar poco. Después de surcar a conciencia cada uno de los pasillos hemos llegado a la caja muy satisfechos porque sólo llevábamos cinco cosas. La cajera las pasa todas por el lector de códigos y nos dice:

—Son 7 euros con 43 céntimos.

Xavi y yo nos miramos, contentos. Hacía una eternidad que una compra no nos salía tan barata. Xavi saca la tarjeta de crédito y se la da a la chica. Ésta, de pronto, nos advierte:

—No se pueden pagar 7 euros con 43 mediante tarjeta. (más…)

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Odiadora de dibujantes

Soy una odiadora compulsiva de dibujantes. Me ha costado toda una vida admitirlo, pero al final lo he hecho… y no crean que me he sacado un peso de encima.

Ya a los cinco años de edad era consciente de que existían personas que trazaban círculos mucho más reconocibles como tales que los que era capaz de hacer yo, y desde entonces no he dejado de sentir una frustración creciente. Frustración que con el tiempo ha derivado en resentimiento vil hacia todos esos genios que hacen del mundo un lugar más soportable con sus garabatos. (más…)

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No hace mucho estuve en una actuación de Xavi con una de sus bandas. Fui con unos amigos, pero una vez dentro de la sala me quedé aparte porque ellos preferían mantenerse atrás, junto a la barra, y yo para poder ver algo he de ponerme delante de todo o termino contemplando sólo los culos de la gente.

Estuve todo el concierto allí, en primera fila, y se podría decir que conocía al 50% de la concurrencia: fans del grupo, amigos propios, amigos de amigos de amigos, otros músicos, etc. De toda esa gente a la que me une algún tipo de relación, por más leve que sea, nadie se extraña si me ven pulular sola de un lado a otro y nadie piensa que me pase nada raro. Si necesito cualquier cosa, saben que voy y la pido y ya está. (más…)

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El sábado pasado vino a mi casa este hombre de aquí que es conocido de Xavi y a su vez amigo de esta mujer de aquí y que desde que ocurrió lo que ocurrió se empeñó en ir a visitarla cada semana a la cárcel.

A pesar de no ser amigo mío directamente, este chico, desde hace años, tiene la costumbre de llamar para contarme cómo le va, y ya en su momento me explicó que planeaba interesarse activamente por la vida de la parricida «ya que la sociedad da la espalda a estas personas». (más…)

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Suficiente

El otro día, cuando fue mi cumpleaños, Xavi me regaló un pastel. Era un pastel redondo de aproximadamente un kilo y medio de peso, cubierto de virutas de chocolate blanco tintado de naranja sobre una capa de nata reposada en un tiernísimo bizcocho dividido en tres niveles, los cuales alojaban una alfombrilla de trufa muy, muy, pero que muy rica. Por encima de la tarta, había un señor de nieve con su sombrero y su bufanda —todo ello fabricado en chocolate—, una plaquita donde podía leerse Felicidades y tres velas encendidas.

Lo del pastel no tiene gran interés, pero lo cuento como ejercicio, para no perder la costumbre de escribir, etcétera. La verdad es que no tengo mucho de bueno que comunicar últimamente, así que por eso estoy más bien callada. (más…)

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Fastidio

Acabo de tirar 10 euros en una novela de Gustavo Martín Garzo y estoy molesta. Sobre todo estoy molesta porque podría haber empleado esos diez euros en un libro que estuviera bien. Me he puesto a leerlo hace un rato y ya en la página 23 me he dicho: «este libro no me interesa». Y darte cuenta de que un libro no te interesa cuando tienes ganas de leer, es una cosa que sienta mal.

En fin. Esto me pasa por no haberme fijado en la tapa, que lleva una etiqueta dorada de esas donde pone «best seller». También me pasa por haber confiado en un recuerdo feliz de hace cuatro años en que leí otro libro de él, Tres cuentos de hadas, y me gustó. Estoy enfadada conmigo misma por haber hecho una compra literaria compulsiva pero también porque ahora no sé qué hacer con este libro malo. A un amigo no se lo puedo regalar por razones obvias, y a un enemigo no sería normal dárselo tampoco, porque no tendría sentido quedar con alguien a quien odias y te odia, sólo por deshacerte de una novela enfocada a mentes obtusas. Del mismo modo, almacenarlo en casa me vine fatal porque apenas tengo sitio y no puedo invertir espacio en libros que no valen. Así que ahora estoy varada en una inmensa playa de fastidio, y todo por culpa de Gustavo Martín Garzo y su libro para señoras que van en metro y esperan y no saben qué hacer.

Ni que decir tiene que recomiendo encarecidamente no comprar este libro, Los amores imprudentes, porque en sus 23 primeras páginas ya dice siete u ocho tonterías grandes, pero grandes en serio. Una pena.

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Mucho hijo de puta suelto

A cien metros de mi casa hay una plaza de aparcamiento reservado para minusválidos. Es una plaza pública, lo que quiere decir que cualquier vehículo que tenga la tarjeta acreditativa, puede estacionar ahí.

Sin embargo, el noventa por ciento de las veces está ocupada por gente que no tiene ese documento, ni tiene minusvalía de ningún tipo ni vergüenza que valga. Y no pasa nada, absolutamente nada. Nunca un guardia pone una multa, nunca una grúa se lleva un coche, nunca nada. (más…)

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