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Archive for the ‘Sin remedio’ Category

Le comento a Xavi que estoy convencida de que cuando muera, nadie va a venir a despedirme a mi entierro. Y él me dice que es muy probable, porque para que eso ocurra uno siempre tiene que estar ahí, es decir, tiene que tener una familia cercana con la que se relacione y unos compañeros de trabajo o de gimnasio o de banda de rock; tiene que salir a cenar con los amigos asiduamente, llamar por teléfono a los conocidos, felicitar los cumpleaños, compartir fotos en facebook… pero que no me preocupe, que como él ya hace todo eso, la gente vendrá a mi funeral aunque sólo sea por quedar bien con el que, de los dos, se ocupa en ser amable.

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Ya no sé escribir más en tercera persona. Es un descubrimiento que ha llegado a mí por sorpresa y al que observo en estos momentos con incrédula estupefacción (y diría que, también, con un odio infinito).

No sé escribir más en trercera persona y no sé a qué es debido. Tendría que poder seguir escribiendo como quisiera y acertar con el tono y no parecer una de esas redactoras de revista femenina o de blog exitoso para jovencitas que trabajan en oficinas, escrito desde el tercer mundo. Pero no puedo.

Ayer a la noche casi mato de aburrimiento a Xavi explicándole lo que me sucede. (más…)

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Incondicionales

Varias veces en este blog he abordado el tema de los ídolos.

Los ídolos son sujetos que me hacen gracia en el mejor y más lúdico sentido de la palabra. Que alguien consiga ser un ídolo para otra persona ya es algo que de por sí me resulta simpático. Pero la simpatía me la produce el propio concepto, no este o aquél ídolo en particular.

Me hace gracia el ídolo y me mato de risa con los fans. A los quince años no me ocurría lo mismo, está claro. A los quince años yo tenía infinidad de ídolos y ser una admiradora significaba pasar horas delante de la puerta del Palacio de los Deportes esperando para ver salir a los integrantes de mi banda favorita después de su actuación, y la mayor parte de las veces decepcionarme porque jamás sucedía (abandonaban el recinto por algún pasadizo secreto). Pero, desde hace ya bastante tiempo, los ídolos son otra cosa para mí. (más…)

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No tengo paz

Estuve más de dos años con un problema gástrico que no me dejaba vivir ni de día ni de noche, que sólo me permitía ingerir cantidades ridículas de alimento en cada comida y que me hacía odiar al Universo entero.

Después de un montón de meses en tratamiento conseguí comer de nuevo como la gente. Es decir, cantidades normales y casi todo tipo de cosas, lo cual me reconcilió con el género humano, la farmacopea moderna y la cocina de mercado. Peeeero (al parecer casi todo tiene un pero) ahora estoy en pelea constante con la báscula y no sé qué hacer para no seguir ganando peso.

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Obsoletos

Tomamos conciencia de que hemos quedado obsoletos para nuestros amigos cuando éstos ya no conversan sobre nada con nosotros.

A mi parecer, no es que no nos hablen porque hayamos hecho o dicho algo que les ha molestado, o porque estén tristes o sin tiempo para charlar, ni siquiera es porque ya no les caigamos bien: no nos hablan porque, sospecho, nuestra conversación, nuestra forma de ver la vida ya no les despierta el mismo interés que antes. Nos siguen apreciando, siguen felicitándonos los cumpleaños y por supuesto siguen queriendo lo mejor para nosotros, pero es como si ya hubiesen tratado todos los temas que deseaban o necesitaban compartir, o creyeran que ya conocen nuestra forma de pensar sobre cualquier cosa, y entonces la relación que antes fuera de profunda y activa amistad se convierte en una especie de nexo entre parientes cada vez más lejanos. (más…)

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Como Rosa Schwarzer

La semana pasada tuve cita con uno de los ginecólogos del hospital que hay en el pueblo.

Este ginecólogo es un ginecólogo nuevo para mí y yo una paciente nueva para él, por lo que después del reconocimiento me invita a acercarme a la mesa y a hacer un poco de historia.

Lo primero que me pregunta es, como suelen hacer todos los médicos, el motivo de que acuda en silla de ruedas.

—Distrofia muscular de cinturas —le digo. Él arquea las cejas mientras teclea mi respuesta y hace una mueca que yo califico como hipocrática. —Ya se sabe que estas cosas nunca son por nada bueno —añado, y entonces él se ríe y eso me alegra porque me gustan los médicos con un moderado sentido del humor. (más…)

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Afortunada

¿Soy yo la única que se marea cuando entra en Facebook o le pasa a alguien más?

A Dios gracias sólo tengo 26 amigos allí. Me pregunto qué les sucederá a quienes tienen 128. O peor aún, a quienes tienen 359…

Fuera de facebook tengo un amigo, un amigo en serio (de esos que te dejan hurgar en su nevera) que tiene 3.177 amigos en la página esa. Un día le dije: ¿no te parece peligroso tener tantos amigos ahí? Imagina que se toman el concepto «amigo» en su sentido más literal y anticuado, y se plantan en tu casa igual que hago yo. Ya no digo todos juntos, pongamos sólo una cuarta parte, ¿qué ibas a hacer? ¿Podrías recordar sus nombres, sus caras? ¡Es imposible, ibas a quedar muy mal si no finges alzheimer!

Y pensé que era una incomodidad horrible, aunque a él no se lo veía para nada incómodo.

Por lo tanto, me considero muy afortunada de tener nada más que 26 amigos en Facebook, pues si alguna vez se diera el caso de que vinieran a visitarme previo aviso, podría mirar las fotos de todos para no confundirlos y no tendría que fingir demencia y todo estaría bien.

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