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Costumbres modernas

Estaba pensando que últimamente la gente tiene la descendencia tan tarde, que seguramente cuando esta descendencia crezca tendrá que pasar su juventud cuidando de sus padres y postergar su propia paternidad (cosa que por motivos fundamentalmente económicos o profesionales ya se hace) hasta cumplidos los 50 o 55 años.

Temo que en un futuro no se sepa qué cosa es un abuelo hasta que toque estudiarlo en el colegio. Creo que los niños nacidos en 2020, aun con suerte, no van a disfrutar de los padres de sus padres más allá de los 5 años de edad, que es la edad en la que los nacidos en 1968 solíamos asistir al sepelio de nuestros bisabuelos. Seguir leyendo »

Mi amor por ti

Mi amor por ti no se termina,
es un amor para siempre.
Es una eternidad de la que no sabes nada.
Un infinito
del que si supieras
te burlarías
con negrísimo sarcasmo.

Por eso es mejor así,
al menos por ahora:
que todo ese amor que siento,
amor de madre, amor perpetuo,
amor constante,
continúe bajo seudónimo. Seguir leyendo »

Nada le gustaba más a la gente de hace cuarenta años que una onomástica, un cumpleaños, un nacimiento, unas vacaciones de verano. No había otra cosa que se viviera con más entusiasmo en la década de los 70 que unas Navidades. Ningún momento era más adecuado para saludar amablemente a un amigo que la convalecencia de una apendicitis. Celebrar, felicitar, recordar, acompañar en la distancia, eran todas ellas acciones acabadas en «ar» que despertaban un alegre fervor en las personas. Y para cada una de estas ocasiones, existía una tarjeta postal.

La tarjeta postal, ese rectángulo de cartulina tan al alcance de todos los bolsillos, era la mejor manera de comunicar las buenas nuevas y los deseos de felicidad en un tiempo en que las palabras escritas podían constituir un obsequio en sí mismas. La gente era adicta a regalar unas letras. Grandes y pequeños, padre e hijos, abuelos y nietos todos sin excepción tomaban pluma, bolígrafo o lápiz y desataban en una tarjeta ilustrada su ramillete de sentimientos. El día del padre, el día de la madre, un fin de semana en el extranjero (cuando «al extranjero» no iba nadie), cualquier pequeña variación en la rutina diaria era motivo para usar, admirar y hacer disfrutar al prójimo de una tarjeta postal. Seguir leyendo »

Buenas noticias

Xavi ha conseguido un trabajo. No es para siempre, pues se trata de una sustitución de alguien que está de baja por enfermedad, pero serán aproximadamente seis meses. Este mes de Marzo trabajará sólo media jornada, y a partir de Abril hasta Agosto lo hará en jornada completa. El empleo es en un almacén de objetos de regalo y ha sido posible gracias a que una persona ha hablado de nuestra situación con otra, y otra con otra, y otra con otra, hasta llegar a alguien que necesitaba cubrir un puesto de trabajo.

Estamos muy contentos. Pero no sólo por la buena noticia del empleo, que ha sido lo mejor que nos podía suceder, sino por todas las muestras de afecto, las palabras de ánimo y los ofrecimientos de ayuda económica que hemos recibido durante el pasado mes de Febrero. Apoyo que nos ha llegado de nuestros amigos, de amigos de nuestros amigos —gente a la que ni siquera conocemos personalmente—, de lectores de este blog y hasta de lectores de Orsai que llegaron aquí y que se encontraron con la anterior entrada.

Quiero agradecer a todos ellos por su generosidad, pero muy especialmente a El_Trasher, a Candela, a Chiri y a María —además— por sus maravillosos mails.

Desconexión

Me acaba de llegar una carta donde me notifican que me han suspendido la ayuda de 459 euros que recibía por mi situación de persona con discapacidad y por otras consideraciones de orden social que hacen de mi vida una vida complicada. La estuve cobrando durante 12 años, pero ahora, sin que nada en mi existencia haya cambiado para mejor, han estimado que ya no la merezco.

Xavi está en paro y no recibe prestación de desempleo, pues el último año estuvo como autónomo. Yo, por supuesto, también estoy sin trabajo. Hasta esta mañana pensábamos mudarnos de vivienda (pagamos 575 euros de alquiler y pretendíamos encontrar algo por 450 y que de esta manera quedara sufragado por mi paga y al menos no vernos en la calle). Pero ahora mismo ya no hace falta que cambiemos porque ni de eso podremos hacernos cargo.

No escribo esto para dar pena a nadie, sino para que sepan que lo más probable es que dentro de unos días ya no tendré internet en casa y que si ven que no aparezco por el blog ni por Twitter ni por ninguna parte es porque estoy intentando sobrevivir.

Le comento a Xavi que estoy convencida de que cuando muera, nadie va a venir a despedirme a mi entierro. Y él me dice que es muy probable, porque para que eso ocurra uno siempre tiene que estar ahí, es decir, tiene que tener una familia cercana con la que se relacione y unos compañeros de trabajo o de gimnasio o de banda de rock; tiene que salir a cenar con los amigos asiduamente, llamar por teléfono a los conocidos, felicitar los cumpleaños, compartir fotos en facebook… pero que no me preocupe, que como él ya hace todo eso, la gente vendrá a mi funeral aunque sólo sea por quedar bien con el que, de los dos, se ocupa en ser amable.

Lamentablemente para algunas personas, la elegancia, la clase, la verdadera distinción, no está en la magnitud de nuestras finanzas ni en las relaciones que a nivel social hayamos sabido tejer através de los años. Ni siquiera en la perfección física con que la naturaleza —o los tratamientos estéticos en su defecto— nos haya dotado.

Todos conocemos el caso de algún nuevo rico que cree que vistiéndose en la boutique de caballeros más cara de su localidad, va a destilar el buen tono de un dandi de forma inmediata. Por supuesto, también habremos oído hablar de esa mujer que habiendo cargado toda su vida con 20 kilos de más, piensa que por obra y gracia de una reducción de estómago y una nueva manera (esnob y pretenciosa) de llamar a los alimentos, se va a convertir en un referente de estilo entre sus amistades. Y ya no digamos lo de aquella otra cuya vulgaridad a la hora de expresarse fue siempre su carta de presentación, y está convencida de que desdeñando continuamente al prójimo y llamándolo muerto de hambre, su estatus se elevará varios niveles en un breve lapso de tiempo. Seguir leyendo »